Ni consumo ni compasión: el Gobierno apuesta al ajuste total sin mirar el daño
- Conurbano Profundo
- 3 ago
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Por Nahuel Hidalgo
El plan económico de Javier Milei llegó a su fase más cruda: recesión profunda, salarios pisados, precios disparados y una caída del consumo que ya alarma incluso a los grandes jugadores del mercado. Con un dólar que se disparó un 14 % en julio y sin reservas frescas, el Gobierno apuesta a una consigna: “bajar la inflación como sea”. A cualquier costo. Incluso el social.
Mientras la Casa Rosada celebra los números oficiales de una inflación contenida —aunque en parte explicada por el parate total del aparato productivo— las señales que llegan desde las empresas, los sindicatos, los comedores y las encuestas pintan otro cuadro: uno de enfriamiento extremo, de pobreza persistente y de creciente desilusión popular.
Las empresas ya no aguantan
Esta semana, referentes de cinco grandes empresas (dos del rubro alimentos y tres del sector automotriz) solicitaron una reunión urgente con el ministro de Economía, Luis Caputo. El mensaje fue claro: “No estamos vendiendo. Si esto sigue así, vamos a tener que ajustar planteles”. La respuesta que recibieron fue aún más contundente: “El Presidente no está preocupado por eso. Su prioridad es llegar a octubre con la inflación en 1 % mensual”.
No fue un hecho aislado. La Unión Industrial Argentina (UIA) alertó que las fábricas están perdiendo más de 1.500 empleos mensuales, cifra que va en ascenso. En el último mes, cerraron o suspendieron operaciones empresas como Celulosa Argentina, Dass (que fabrica Adidas) y la textil Mauro Sergio. El mercado interno, simplemente, desapareció.
Calles frías, ollas calientes
En paralelo, los comedores populares viven una situación crítica. Según un relevamiento de la fundación Kumelkan, el 98 % de los comedores del país vieron aumentar la cantidad de personas que asisten desde el inicio del gobierno libertario. La dieta en esos espacios se empobreció: ya no hay carne, frutas ni leche. Lo que queda son fideos con cebolla. A veces, ni eso.
A contramano de estos indicadores, el Gobierno difundió cifras que muestran una supuesta baja de la pobreza al 31,7 %. Sin embargo, la UCA y otras consultoras advierten que la metodología utilizada subestima entre 4 y 5 puntos la realidad, y que la pobreza infantil sigue por encima del 50 % en barrios populares y hogares con jefatura femenina.
Encuestas, FMI y el factor "expectativa quebrada"
El termómetro social también aparece en las encuestas. Un informe reciente de Atlas Intel indica que 7 de cada 10 argentinos están defraudados con la situación económica actual, incluso entre votantes de Milei. Otro sondeo de Opina Argentina muestra que el desempleo desplazó a la inflación como principal preocupación social.
El Fondo Monetario Internacional, por su parte, sigue brindando apoyo técnico, pero ya hay alertas internas. Fuentes del organismo advierten que el plan económico “podría perder consistencia” si no mejora la situación social. Mientras tanto, los dólares del campo dejaron de entrar: de 230 millones diarios en junio se pasó a apenas 35 millones por día a fines de julio.
¿Y la política?
La oposición parece aún atónita. Mientras los gobernadores peronistas reclaman recursos y la UCR se desmarca del ajuste, el oficialismo muestra sus propias fisuras. Algunos legisladores libertarios del interior empiezan a expresar en voz baja su disconformidad con la “terapia de shock eterna”. Pero Milei no afloja: su idea de libertad no admite matices.
En Hacienda, mientras tanto, el clima es de saturación. Se multiplican las reuniones nocturnas, los rumores de cambios en el gabinete económico y las pujas internas entre Caputo, Pablo Quirno y los técnicos que buscan evitar un colapso cambiario.
Un invierno largo
La economía argentina vive un congelamiento sin precedentes. La inflación se plancha, pero también lo hacen los salarios, el consumo, la inversión y la confianza. Ya no se trata solo de un “plan de ajuste”, sino de una estrategia que expone a millones de personas a una licuación permanente de ingresos y derechos. El experimento sigue, pero las cobayas empiezan a gritar.
En los despachos oficiales ya se sabe: no hay margen para errores. Lo que queda de acá a octubre es resistencia, improvisación y pulseo diario con una realidad que no espera decretos. En este invierno, la única certeza es que el frío —económico y social— llegó para quedarse.
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